Nacemos con nuestra fuerza, partimos cuando la fuerza nos
falla, pero en todo el camino andamos solos por mucha gente que nos rodé, tanto
en la legada como en la partida.
El amor más verdadero es el de nuestros padres, no toman
como somos y por mucho que les fallemos, siempre esta ahí sin pedir nada a
cambio.
El amor de la pareja no tiene conexión sanguínea, por lo
cual son dos extraños que van compartiendo vida.
La llegada de los hijos une a la pareja cuando son niños,
tal como van creciendo van llegando las peleas, sale el amor por ellos porque
llevan sangre nuestra, los dos que les dieron vida se distancian día a día,
porque nada les une, son dos desconocidos
que se conocieron un día en un lugar cualquiera.
Los hermanos somos como un rebaño de ovejas, que mientras
viven los pastores están todas unidas, cuando estos parten salen en estampida
por las cuatro perras que ni siquiera eran suyas, si no del trabajo duro de los
que les dieron vida.
De los amigos ni hablar, los tienes a docenas mientras la
vida te sonría, al primer tropiezo desaparecen como si tuvieras lepra.
Mientras escribo esto me doy cuenta lo solo que estoy en
la vida, lo único que me consuela es que a todos nos pasa los mismo, y si no me
crees, párate un poco, mira a tú alrededor a esos que te rodean, ¿Si no les das
lo que quieren, cuantos estarían?
Vruescas.- Así es la vida.
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